Entre tanta porcinada y ruindad como vemos a diario en las esferas políticas, un gesto así de un hombre ''común'' lo reconforta a uno y lo reconcilia con el género humano que está formado, ante todo, por la gente común y no por las "figuras" de la prensa, el poder y la televisión, que nos tienen hartos con sus discursos y palabras vacías. Hay que hacer un canto al hombre normal, al que a diario saca el mundo adelante a pesar de la acción torpe, codiciosa e indecente de tanta gente que solo busca llamar la atención. Se habla ya de darle una medalla, desde luego, se la merece, pero, las medallas tienen el inconveniente de que siempre las entrega un inútil institucional que sale en la foto para beneficiarse él y su partido de un mérito que no le toca. Esos parásitos entregadores de medallas empañan el brillo de la acción humana noble. Estaría bien que se la entregara un compañero, algún pariente o algún porcino-bueno, de esos que pese a estar algo cochinos, no necesitan de los flashes para ser felices...
Las historias llegan como chanchos descarriados, sin que uno las tenga que buscar. Miente quien dice que no tiene inspiración para crear, los ideas abundan por todas partes. Desde las crónicas de la radio hasta la tragedia personal de algún amigo las ideas flotan, sucias y desordenadas, como puercos sin control. Es penoso que, teniendo tanto material no se tome uno el tiempo como para llevar a cada porcino al redil, limpiarlo y ordenarlo, y tal vez, de esta forma, empezar a hacer literatura.
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